miércoles, 13 de marzo de 2013

EL CASO DEL DIAMANTE (Actividades)

ACTIVIDADES SOBRE LA LECTURA 
1. ¿Qué ocurre antes y después de esta escena? ¿Quién es Romero?

Romero ya no aparecía en escena en el tercer acto, se cambió
y se acercó a la casa de sus buenos amigos Manuel y Carmen
para tomar café como solía hacer de forma habitual. Le en-
cantaba contar historias a los hijos pequeños de sus amigos
que le llamaban tío Romero. Casi siempre eran fragmentos
de las comedias de Lope o adaptaciones de los argumentos
para acomodarlos al interés de los chavalines. A Carmen le
disgustaba que les contase cuentos de miedo, pero de entre
el repertorio que tenía, los de miedo eran los más deman-
dados por los pequeños. Manoteaba, susurraba, ponía caras
raras y los agarraba para hacerles cosquillas ambientando
así cada una de sus narraciones. Era maravilloso ver a aque-
lla niña rubia y a su hermano pequeño con los ojos y la boca
abierta embelesados con la actuación de su tío Romero.
    Algo lo alertó mientras se acercaba a la pequeña casita, el
postigo de la puerta estaba abierto y parecía que lo habían
forzado. Aceleró el paso y entró en el pequeño salón alar-
mado, el corazón se le salía del pecho.




 2. Explica quiénes son los siguientes personajes:
  • María
  • Miguel
  • Supini
  • Román
  • Carmelo
  • Tormaqueda
  • Pedro 
3. ¿Qué ocurre en esta escena? ¿Quién ha muerto? ¿Por qué? ¿Quién lo ha matado?
   No fue necesario solicitar auxilio; los criados y los guardas
entraron en tropel siguiendo a Lope, que había irrumpido sin
permiso en las dependencias del palacio. En principio le agre-
dieron, lo empujaron obligándolo a arrojarse al suelo y lo re-
gistraron buscando el arma homicida, pero pronto se dieron
cuenta de que el cadáver estaba frío y de que era muy posible
que llevase muerto desde la noche anterior
.
4.Lee el siguiente pasaje. ¿Quién quiere causar Mal a Román? ¿Por qué?
¿Quién es Isabel? ¿Quién viaja en el interior del carruaje?
Todas las buenas intenciones con las que pretendía reconci-
liarse con Isabel se tornaron en odio y deseos de causar el mal
a Román y a todos sus seres queridos.
    Muchas noches, a la luz de la luna, se veía pasear muy len-
tamente por la Calle del Teatro un carruaje negro tirado por
dos bellos corceles del color del azabache. Sabían que la
misma muerte viajaba en su interior.

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